Su introducción en múltiples sectores tendrá un fuerte impacto en las cadenas de suministro futuras, pues podría modificar los procesos de diseño del producto, planificación, fabricación, almacenamiento y entrega, entre otros.

 

La tecnología de impresión 3D podría acabar cambiando las reglas del juego de la logística, gracias a su potencial para mejorar la manera en la que las cadenas de suministro trabajan y se estructuran. Aunque de momento se utiliza fundamentalmente para realizar prototipos, se estima que en unos años, un 80% de la capacidad de impresión se dedicará a la fabricación de bienes terminados.

Tal y como explica un reciente estudio de Gartner Research que recoge el Zaragoza Logistics Center, este mercado podría llegar a los 400.000 millones de dólares en 2030, gracias a sectores como el de equipos y maquinaria, textil, mobiliario, joyería y juguetes, automoción, dispositivos médicos, minería y metalurgia, química, alta tecnología, o defensa.

A lo largo de 2019, se comprarán en total unos 5,6 millones de impresoras 3D, una cifra bastante superior a las 106.000 del año 2014. Su introducción en múltiples sectores tendrá un fuerte impacto en las cadenas de suministro futuras, pues podría modificar los procesos de diseño del producto, planificación, fabricación, almacenamiento y entrega, entre otros.

Cadenas menos complejas

No obstante, también ayudará a reducir la complejidad de las cadenas de suministro, permitiendo a las empresas ofrecer productos más elaborados y personalizados. Así, podría facilitar la transición hacia una estructura de distribución más repartida, con pequeñas instalaciones para la fabricación, más próximas a los consumidores, lo que reduciría los tiempos de entrega, los costes de transporte y las emisiones.

Además, los problemas de abastecimiento se reducirían, ya que los mismos productos podrían ser fabricados en múltiples zonas al mismo tiempo. Esto podría acabar con la tendencia actual a la deslocalización, contribuir a mejorar las economías locales y avanzar hacia un sistema de producción según la demanda, sin necesidad de almacenar grandes cantidades de producto.

La gestión del inventario también resultaría mucho menos compleja, pues se producirían lotes más pequeños de cada artículo, reduciéndose el riesgo de obsolescencia. También dejaría de ser un problema la producción de piezas de repuesto, que podría realizarse en la propia empresa afectada.

Cambios en la estructura del mercado

En cuanto a la estructura del mercado, con la impresión 3D disminuirán los costes iniciales de las fábricas y aumentarán sus posibilidades de crecimiento, tanto en términos de expansión geográfica como de capacidad. En este sentido, resulta más sencillo compartir licencias y códigos de determinados paquetes informáticos para empezar a imprimir en diferentes puntos que construir nuevas instalaciones con equipos de fabricación tradicionales.

Esto reducirá las barreras con las que se encuentran algunas empresas pequeñas que tratan de competir con actores más grandes, elevando el número de proveedores potenciales. También mejorará su capacidad de innovación, al poder experimentar rápidamente con nuevos prototipos e ideas sin necesidad de invertir en maquinaria, herramientas y componentes.

Por último, conviene resaltar que la impresión 3D es menos dañina que otras técnicas para el medio ambiente, al tener que usar menos materias primas en la producción y generar menos desechos. En esta línea, también contribuye a reducir las devoluciones, al poder desarrollarse productos personalizados.

Los principales problemas que se pueden encontrar en la actualidad para el desarrollo a gran escala de este tipo de fabricación residen en su gran gasto energético, los derechos de propiedad intelectual, el hecho de que sea imposible producir artículos de todos los tamaños, y el tiempo que se tarda en finalizar el proceso de impresión, superior al de la fabricación tradicional.